(Recordando una entrada de mi diario en Septiembre 2021)
“Y no nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.” Gálatas 6:9a, CSB
Hay temporadas que se sienten visibles, productivas y claramente fructíferas. Y hay temporadas que se sienten diferentes. Más quietas. Más pesadas. Menos definidas. Llenas de responsabilidad, pero no siempre llenas de reconocimiento.
Esta fue una de esas temporadas para mí. Estar más en casa con los niños. Trabajar a tiempo parcial. Sostener el hogar mientras mi esposo viajaba. Ver cómo ciertos roles en el ministerio cambiaban, se simplificaban o desaparecían silenciosamente.
Nada estaba mal. Pero todo era diferente.
Y esa diferencia hizo que una pregunta simple y honesta saliese a la superficie:
¿Puedo ser fiel aquí, aun cuando esta temporada no se parezca a la anterior?
Gálatas 6:9 no promete resultados rápidos, afirmación instantánea ni fruto visible cuando nosotros lo exigimos. Nos llama a algo más profundo: permanecer haciendo el bien. Ser fieles cuando nadie aplaude. Obedecer cuando no hay retroalimentación. Estar presentes cuando no hay reflector.
Hacer lo correcto simplemente porque honra a Dios.
Se necesita una valentía silenciosa para presentarte por completo en una temporada que no te recompensa como en temporadas anteriores. Estar presente, hacerlo bien, aprender de ello y confiar en que algún día, cuando mires hacia atrás, podrás decir: “Di lo mejor de mí con lo que Dios me confió en ese momento.”
No con lo que yo prefería. No con lo que extrañaba. No con lo que me hacía sentir vista. Sino con lo que Él puso en mis manos para ese tiempo.
Una de las mentiras más sutiles que enfrentamos en la transición es creer que, cuando una temporada cambia, tenemos que correr hacia adelante por miedo o aferrarnos con fuerza a lo que antes se sentía fructífero.
A veces lloramos el pasado no porque fuera más santo, sino porque nos era familiar.
A veces nos aferramos a una temporada anterior porque tenía sentido para nosotros, aun cuando Dios nos invita a confiar en Él en un lugar nuevo. Y cuando vivimos demasiado atados a lo que fue, podemos perder la luz silenciosa de donde estamos ahora.
El punto intermedio puede resultar desorientador. Ya no estás donde estabas, pero tampoco tienes del todo claro qué viene después. Es tentador comparar esta temporada con la anterior y considerarla inferior, menos fructífera, menos importante o menos significativa.
Pero la Biblia nos ofrece una mejor manera de verlo.
La cosecha llega “a su debido tiempo.” Gálatas 6:9b
No en nuestro tiempo preferido. No en nuestro tiempo público. No siempre de una manera que podamos medir de inmediato.
Sino en el tiempo señalado por Dios.
Y lo que Él está haciendo crecer bajo la superficie puede que no parezca impresionante ahora mismo, pero no es insignificante.
El carácter está siendo formado. La obediencia está siendo refinada. La paciencia está siendo estirada. La confianza está siendo profundizada. La sanidad está ocurriendo en lugares a los que no podíamos acceder cuando la vida era más ruidosa.
Todo eso importa. Especialmente para quienes nos sentimos atrapados en medio, ajustándonos, transitando cambios, cargando responsabilidades que no vienen acompañadas de títulos, plataformas o reconocimiento, esta temporada no está siendo desperdiciada.
Es formación.
Ser fiel aquí se ve como permanecer presente. Se ve cómo resistir la comparación. Se ve cómo escoger el propósito frente a la nostalgia. Se ve cómo confiar en que Dios no desperdicia temporadas silenciosas, responsabilidades escondidas ni la obediencia que nadie ve.
Así que, si ahí es donde estás, quiero que sepas esto:
No estás atrasado. No has sido olvidado. No estás fallando. Estás siendo invitado a ser fiel justo donde estás.
Y si no nos damos por vencidos; si permanecemos arraigados, honestos y abiertos delante de Dios, habrá una cosecha. En el tiempo correcto. De la manera correcta. Con fruto que permanece.
Esto es lo que significa vivir espiritualmente afinados. No persiguiendo la próxima temporada. No aferrándonos a la anterior.
Sino aprendiendo a estar completamente presentes y fieles en la temporada que Dios nos ha confiado ahora.
Afinémonos.


